Llegue a Praga por la tarde de un dia soleado, mi fijación por los aeropuertos quedó satisfecha al llegar a este ... paredes grises, esculturas de arte y grandes ventanales que dejan ingresar los rayos de luz del día y te dan una sensación de cálida bienvenida de los dias de verano. Sin sellos ni revisiones, tomé un mapa de informaciones y mis maletas. Una vez abierto el mapa, todo se torna checo.

Praga es la capital de la hoy República Checa, antes Reino de Bohemia y Checoslovaquia. Lo primero es cambiar tu moneda a coronas, luego comprar un billete de bus que a la vez sirve para los trenes y el metro por un periodo de tiempo, el transporte público está perfectamente interconectado y está disponible las 24 horas. Saliendo del metro se impone ante mí una ciudad de arquitectura antigua, veo entonces el museo nacional el cual se impone debido a su gran escala y majestuosidad.

Ya instalada en mi hotel, bajo por la Plaza de Wenceslao una calle amplia, llena de gente, anunciantes, tiendas y negocios, veo mucha gente joven andando, mucha actividad. Los edificios, todos muy bien conservados de colores púrpuras, celeste, verde en tonos pastel y por supuesto una amplia gama de grises.
Llegando a la Ciudad vieja de Praga te dejas llevar por la concentración de turistas en las terrazas de los restaurantes estratégicamente situados entorno al El reloj astronómico. Este se lleva la atención de todos, se compone de un cuadrante astronómico, otro de figuras animadas de los 12 apóstoles y otro calendario circular con medallones que representan los meses del año. Una verdadera pieza de arte. Es posible subir a la torre de éste y tener una vista panorámica de la ciudad. Una pinta de Pilsner Urquell y la tarde cae con la frescura que anhelaba sentir.

Ya de tarde la ciudad se ilumina mágicamente, no existen carteles luminosos, la luz es tenue, una sensación de romantcismo, misterio y curiosidad te invade e invita a cruzar Charles Bridge, este puente es uno de los tantos que cruzan el Rio Moldava. El puente está decorado por 30 estatuas situadas a ambos lados del mismo, la mayor parte de estilo barroco, sí o sí se debe recorrer de noche. Además te da una perspectiva del Castillo de Praga a lo lejos, parece una ciudad de cuento.
A la mañana siguiente hago el mismo recorrido, el puente se ilumina con el sol, antes de las 8 am hay poca gente y por tanto es la hora precisa para sacar las mejores fotos, concuerdan conmigo una pareja de japoneses quienes hacen su Photo Shoot matrimonial. Al otro lado del puente se dejan ver construcciones más antiguas, estas son de mayor magnitud y colina arriba el castillo más grande del mundo, de decoración gótica, el Castillo de Praga. Cuenta también la Catedral de Praga, el convento de San Jorge que contiene arte antiguo de Bohemia, la basílica de San Jorge, el Palacio Real, galerías de pintura renacentista y barroca y jardines aledaños. Luego de tal recorrido, unas copas de Spritz para refrescar y ver el bello paisaje junto al río.

En mi última noche decidí disfrutar la noche y la curiosidad me llevó a un bar checo, dejé las barras con iluminación de colores y luces blancas, cócteles exóticos y el “chill out” de fondo por un bar misterioso, un laberinto en un sótano convertido en bar, pequeños ambientes con música rock de fondo, gente entrando y saliendo de ellos, tal vez hasta perdidos. Existe una vida nocturna activa en Praga y es totalmente recomendable experimentarla.
Datos:
- Moneda: Corona.
- Hospedaje: Alrededor de la Plaza Wenceslao, la ciudad es perfectamente caminable y sore todo pequeña, hay transporte público a toda hora.
- Servicio al cliente: Hay mucha gente que habla inglés, no te sorprendas por el trato, suelen ser algo fríos al hablar, luego te acostumbrás.
Acerca de Susana Von Maldonado: Bachiller en arquitectura, con gran gusto por el arte y el diseño, mi energía se proyecta al deporte y los desafios que se presentan día a día, con una gran pasión por los viajes y las energías positivas que las culturas vuelcan sobre mí. Me gusta la vida sana y llevar mi vida de forma equilibrada. Visita su perfil aquí.
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Hace 1 mes emprendí un viaje multidestinos por Europa, sin embargo un cambio de planes, siempre presente en los viajes, me llevó a dejar de lado a la pulcra y ordenada Alemania y embarcar un vuelo con destino
Ese día empezó mi aventura, tenía 3 días para conocer lo que pudiese conocer de Marruecos. A las 10am salí del hotel y una vez pisado el asfalto exterior, no había vuelta atrás si no era para entrar a mi habitación y no salir; el sol estaba sobre mí, el viento corría caliente, como vapor directo al cuerpo. La temperatura ambiental era de 45 grados centígrados (dentro de mí dije "a caminar"), caminé por alrededor de 1 hora hasta llegar a la
Pasada la plaza me sumergí en un laberinto de calles y callejones de distintas dimensiones adornados de tiendas y comerciantes de artesanías, telares y otros. Eso sí, hay que estar muy atento, los mercados no son seguros, no hay caballerosidad para con las mujeres extranjeras y muchos se movilizan en motos así que corres el riesgo de ser atropellado. Luego de eso solo debes caminar e ir descubriendo lo que la ciudad tiene para ofrecerte. Si bien siempre he sido fanática de los accesorios y telares, el verlas juntas me provocaban lo opuesto y no me animé a traer nada conmigo; sin embargo quienes capturaron mi atención fueron las mujeres, todas ellas con velos. Preciosas ellas, mas con miradas muy tristes, ellas esperan fuera de las mezquitas para rezar, están en la última fila de los templos, ellas son las que cuidan de la familia y las que se paran a ceder el asiento en los autobuses. Tras la larga caminata vuelvo a mi hotel a recuperarme para el día siguiente.
Como en toda ciudad marroquí, ingresé a las callejuelas, estas eran más amplias, limpias y con el aire fresco rozando mi cabello. La vista desde el fuerte y las torres eran impresionantes, más aun ver el sol caer por ellas, la verdad pienso que el mar cambia cualquier paisaje, le da un toque de serenidad y belleza a toda ciudad.


En la plaza de Nazca todos se acumulan alrededor de una persona, cuando me doy cuenta y asomo entre las cabezas un pequeño telescopio se deja ver entre la gente, a su lado un delgado sujeto, barbón pero algo calvo, su acento lo delata, es un venezolano que ofrece ver por tan sólo un sol a Neptuno. La escena me recuerda aquel pasaje de los gitanos llevando el hielo a Macondo, los curiosos no dejan de agruparse y preguntar que es lo que está ocurriendo.
Una vez, durante los primeros meses del año, soñé que estaba en Puno. Había llegado de día y lo primero que hice fue correr al Titicaca, en mi sueño fue como correr por cualquier playa costera. Más de eso, no recuerdo, sin embargo me vino la idea que me había propuesto este año; viajar lo más que me permita el tiempo y el bolsillo.
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